Xavier Ribera Peris Periodista y editor València12 OCT 2026
Lo sabemos

“Ara que som junts,
diré el que tu i jo sabem
i que sovint oblidem:
Hem vist la por ser llei per a tots.
Hem vist la sang – que sols fa sang–
ser llei del món.
No, jo dic no, diguem no.
Nosaltres no som d’eixe món.”
Raimon, Xàtiva. ‘Diguem no’-1963
El País Valenciano afronta una encrucijada decisiva, desde el desmantelamiento autonómico deliberado y hacia consecuencias que lo van a marcar para varias generaciones. En el horizonte de unos meses, el escenario del voto anuncia tres citas: elecciones municipales, autonómicas (mayo 2027) y estatales (el 29 de noviembre de 2026). Algunos expertos auguran que hay partido. Otros, los más desapasionados, que la balanza se inclina hacia la involución.
Proyecto de País
La sociedad valenciana padece dos vacíos (uno político y otro económico-empresarial) después de varias décadas: fallan el perfil y la consistencia de los líderes y de las opciones políticas (los empresarios también hacen política desde sus lobbies). Nadie sabe lo que piensan, lo que pretenden ni cuál es el proyecto de país que proponen. Peor: según las voces que se manifiestan en Madrid o en València, Cap i Casal, subdivididas en los reinos de taifas secesionistas de Alicante, Castelló y València. Dejarse cuartear y debilitar desde la Plana Mayor del enemigo común es peligroso y humillante.
El todo y las partes
En Madrid –ciudad, provincia, área interregional, distrito federal, autonomía (¿frente a quien? ¿con respecto a qué? o una hipotética Zona Centro–, en Madrid, núcleo centralista, no quieren reconocer la realidad periférica de España. Ni a izquierda ni a derecha. No les queda más remedio que soportar a Catalunya y a Euskadi, pero no están dispuestos a asumir un País Valenciano cohesionado, unido y con personalidad propia. Ningún proyecto –mejor o peor– para el País Valenciano vendrá de Madrid. Nos lo hemos de ganar a pulso. Y es allí donde se cuecen las habas, donde residen las madrigueras –con múltiples conciliábulos y fundaciones– de los partidos políticos que han regido los destinos del Reino de España. Es estrambótico que la Fundación Conexus, comandada por Manuel Broseta Dupré –con sede del poder valenciano en Madrid–, que alberga y ampara la Generalitat Valenciana desde los tiempos de Ximo Puig –promovida por la poderosa Asociación Valenciana de Empresarios (AVE) que tutela Juan Roig– haya encabezado la promoción de una facción alicantina, que dice defender en Madrid los intereses secesionistas de Alicante–¿ciudad/provincia?– frente a la misión de la Generalitat, cuya representación y competencias no pueden ser más que autonómicas por definición. Juanfran Pérez Llorca, presidente de todos los valencianos y perteneciente al clan de Benidorm (Alicante), debería explicarlo.
Corrupción a mansalva
Sabemos que la corrupción ha proliferado y ha constituido el menú de francachela con barra libre. Primero compartida y después encumbrada en su apogeo durante los 20 años de gobierno del PP en la Generalitat– desde la ascensión de Eduardo Zaplana hasta los estertores de Alberto Fabra, quien intentó camuflarse con la sociedad civil, que nadie sabe lo que es. El círculo de la corrupción, no sólo económica sino también de decadencia ética y moral, se cerró con el ‘mando y ordeno’ durante 25 años de implantación del Partido Popular en el Ayuntamiento de València. Donde todos sabemos que los desmanes seguían distintas parábolas marcadas por la estela de dos personajes sonados en política y en los juzgados: la exalcaldesa Rita Barberá y el exteniente de alcalde y concejal de Hacienda, Alfonso Grau. Cada uno tenía sus partidarios, sus concejales afectos y su plan municipal. No se hablaban ni compartían la gestión. Mucha soberbia y poca discreción. Se ha tirado tanta tierra encima para sepultar las miserias y las consecuencias, que apenas sabemos lo que sabemos. Las marrullerías han dejado rastro judicial hasta esta etapa de recuperación de València por el PP de María José Catalá. Las visitas a la Ciudad de la Justicia no son inocuas y delatan.
Deuda impagable
Sabemos que la Generalitat Valenciana cerró su etapa de los dos ‘Botànic’, a lo largo de ocho años, sin pena ni gloria. El exalcalde de Morella, Ximo Puig, cubrió su presidencia pactando con los empresarios ‘grandes’ (Juan Roig) y persiguiendo a los periodistas que no le reían las gracias. Los grandes empresarios ( Enrique Silla–Cámara de Comercio–, Pepe Simó Nogués – Cámara y Bancaixa– y Ramón Cerdá–Feria València– Vicent Montaner y Eugeni Senent (L’Empresarial) fueron eliminados uno a uno. Durante sus dos legislaturas presidenciales el PSOE nunca dejó de ser el partido centralista incapaz de deshacer el nudo gordiano de la justa financiación autonómica. Mientras tanto la sociedad y los 7.500.000 de valencianos, con los empresarios en primera fila, padecen la infrafinanciación y el déficit de inversiones. La deuda del País Valenciano hasta marzo de 2026 era de 64.348 millones de euros. Cada valenciano debe 11.595 euros. La infrafinanciación repetida hasta el infinito parece trivial. Los años de gobierno de PP y PSOE, caracterizados por los trompicones y la ineficiencia, han supuesto perjuicios y retrocesos que los valencianos no recuperarán jamás. Servicios públicos tan sensibles como la sanidad, la educación, servicios sociales, vivienda, la dependencia o el desierto cultural. El deficiente reparto de las inversiones en infraestructuras, equipamiento y recursos disponibles, son una losa que pesa sobre los ciudadanos de hoy y las generaciones venideras.
Los vidrios rotos
Cuando viajas a Barcelona se percibe una urbe que funciona en tensión, pero todavía conserva el tono vital de sus dirigentes e instituciones. Catalunya desde 2017 y antes, desde la caída de Jordi Pujol y sus poderes –al que nadie se ha atrevido a juzgar– atraviesa una crisis de identidad como capital económica del Estado que era. Referéndum y Puigdemont son palabras malditas que han desconcertado a quienes vivían sin pisar la realidad. Los valencianos de rebote han sufrido las consecuencias y las represalias que recaen sobre la vecina Catalunya. Nada más hay que ver el retraso y los aplazamientos del Corredor Mediterráneo. Infraestructura ferroviaria que en el País Valenciano se reivindica, dentro del proyecto más amplio del Arco Mediterráneo, desde 1917 por Ignacio Villalonga y en democracia por la Cámara de Comercio de València bajo la presidencia de Enrique Silla. Después de 39 años, el trazado de vía europeo y velocidad alta, el que se debía hacer prioritariamente según todos los estudios y cálculos. La interconexión del Mediterráneo para comunicar la frontera francesa con Algeciras sigue siendo una hipótesis. los valencianos pueden ir a Madrid en hora y media con veinte frecuencias y siguen castigados a viajar a Barcelona en tres horas y media con los retrasos que quieran añadir Adif o Renfe, empresas dependientes del ministerio de Fomento.
Callar es caro
Los valencianos saben todo esto y muchas cosas más, pero no reaccionan. Es indignante que quienes tienen conocimiento y capacidad para exigir estas reivindicaciones permanezcan en silencio. Como si la guerra no fuera con ellos. A cambio de un contrato, de un concurso, una concesión, unos anuncios de publicidad, un cargo remunerado u otras prebendas a corto plazo. En sus casas comerán mañana, pero sus descendientes es posible que no tengan ni plato. ¿Quién cuantifica el coste de décadas de la sociedad valenciana paralizada por el menoscabo financiero provocado por la administración central del Estado? ¿ A quien se va a culpar por esta felonía? ¿La indefensión y el desamparo de los valencianos importan a alguien?
La cultura ¿qué cultura?
Sabemos que la inhibición de los partidos políticos existentes no se queda en infraestructuras, servicios, financiación, corredores a ninguna parte u otros asuntos que afectarán al porvenir de los que nos sucedan. También se percibe interés, no escrito, en anular las señas de identidad, el o9mll, las universidades públicas, la cultura –ahora se ha cerrado el Teatro Principal de València porque amenaza ruina–, la carencia de puntos de venta de prensa, las bibliotecas en franco retroceso, las manifestaciones artísticas –salvo en el Roig Arena–, los círculos y asociaciones dedicadas al fomento artístico y creativo –¡pobres pintores y escultores valencianos dejados de la mano de Dios!–.
Acaban de morir dos pintores-escultores valencianos de renombre indiscutible: Artur Heras y Manolo Boix. Dos insignes representantes del hiperrealismo y del Pop Art que con Rafael Armengol actuaron de la mano. ¿Podrían conseguir ahora la visibilidad que alcanzaron con su visión crítica y de denuncia social en paralelo con el Equipo Realidad (Joan Cardells y Jordi Ballester) o el Equipo Crónica (Manolo Valdés, Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo)? La edad de oro del arte valenciano, con un requiem a dúo, ha llegado a su fin. Aquí y en todas partes el arte y la cultura han de funcionar por sus capacidades y medios, pero con el apoyo y respaldo de las administraciones públicas. Con la deuda galopante de la Generalitat, que somos todos y el sectarismo que exhibe el PP también en el Ayuntamiento de València, la independencia que exige el mundo del arte, del conocimiento y de las ideas, es indispensable para sobrevivir.
COMENTARI AL LEVANTE-EMV
- FC hace una hora Puede parecer estratosférica la propuesta POR EL ESTADO VALENCIANO DE LA NACIÓN VALENCIANA, pero objetivamente es la de ‘més trellat’ y tendría que acontecer como la alternativa. Disponer, los valencianos, de las llaves de la caja y de la casa.
És indignant que els qui tenen coneixement i capacitat per exigir estes reivindicacions resten en silenci. Com si la guerra no anés amb ells. A canvi d‟un contracte, d‟un concurs, una concessió, uns anuncis de publicitat, un càrrec remunerat o altres prebendes a curt termini. A casa seua menjaran demà, però els seus descendents és possible que no tinguen ni plat. Qui quantifica el cost de dècades de la societat valenciana paralitzada pel detriment financer provocat per l’administració central de l’Estat? A qui es culparà per aquesta felonia? La indefensió i el desemparament dels valencians importen a algú? https://t.co/1tm1Y9T6uw
— REPÚBLICA VALENCIANA / ESTAT VALENCIÀ (@RVPVE) October 12, 2026










