Maragall pensa ja en un nou partit [LA VANGUARDIA]



>>>>>>>>>>LA CUESTIÓN CATALANA
El debate de los socialistas
Una conversación con el ex president de la Generalitat sobre el pasado reciente y sus planes de futuro
Maragall sueña con un partido distinto
JORDI BARBETA - Barcelona - LA VANGUARDIA
Después de abandonar su despacho de presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, que por sus virtudes y seguramente también por sus defectos es una persona que se hace querer, recibió varios homenajes. Más de amigos que de políticos. Uno de ellos, Antonio Fraguas, Forges, le hizo probablemente el regalo más acertado y que, por gentileza del ex president, se reproduce en la página siguiente: una caricatura del propio Maragall con una idea: “Pienso, luego estorbo”. Difícilmente podría describirse con mayor precisión la relación del ex president y ex alcalde con el mundo de la política. Esta semana se ha vuelto a confirmar. La viñeta de Forges preside su nuevo despacho de ex president, “digno pero no excesivo”, en un edificio noucentista de la Diagonal de Barcelona, donde Maragall mantuvo el miércoles una conversación con La Vanguardia sobre sus reflexiones y sus planes de futuro.
Las opiniones del ex president Maragall no dejan lugar a dudas de que es un inconformista empedernido. No cree que el Estatut que él se empeñó en impulsar haya alcanzado los objetivos ambiciosos en los que, al menos él sí que creía, y no ve a España dispuesta a encontrar la fórmula en la que todos se sientan cómodos. Sin embargo, ni se le ha pasado por la cabeza tirar la toalla. De momento, ha llegado a una primera conclusión. Hay que abrir horizontes.
“Europa existe y es la realidad que se va a convertir en el marco de referencia principal y en el que nuestras historias particulares afortunadamente cuentan mucho menos”. Que las “historias particulares” cuenten menos no significa, a su juicio, que la cuestión catalana se quede sin resolver, al contrario: “El marco europeo es más ancho y Catalunya podrá sentirse más liberada porque la contradicción más importante es con la referencia estatal, mientras que la relación con Europa o con el Mediterráneo nunca será tan constreñida”.
Pero el marco europeo no dispone todavía de instrumentos políticos y ahí es donde Maragall está más convencido de lo que es prioritario. Influido probablemente por sus traumáticas experiencias con el aparato del PSC, que primero le llevaron a dejar la alcaldía de Barcelona y luego la presidencia de la Generalitat, asegura que “hace falta un tipo diferente de partido, porque cuando cambias la dimensión cambias la esencia de las cosas”. “La relación de dependencia y de obediencia con tu propio partido es muy diferente”.
Su receta es europea, propone el Partido Demócrata Europeo, homólogo del Partido Demócrata de EE. UU.: “¿En EE. UU. quién elige a los candidatos? La gente. ¿Se hacen listas cerradas? No. En cambio, aquí el aparato del partido decide que el número 1 es fulano y el número 2, mengano y si tú te portas bien, irás en el número 3, y tú, ojo con lo que dices o verás… Es un sistema cerrado y burocrático. Los demócratas norteamericanos pueden elegir entre el candidato Obama y la candidata Clinton. La relación entre representantes políticos y ciudadanos no es tan indirecta, hay más libertad”.
La idea del Partido Demócrata ha cuajado en Italia. Romano Prodi y Francesco Rutelli la han puesto en práctica y han invitado a Maragall desde el primer día. “Yo fui sin saber exactamente dónde me metía y quedé fascinado…, el primer día estaban también François Bayrou y Josu Jon Imaz…, es el centroizquierda agrupado, una idea ganadora de los italianos…”. Con ese nuevo partido que Maragall observa con tanto interés también ha mantenido interlocución Josep Antoni Duran Lleida ( “a diferencia de Imaz no he visto nunca a Duran”, puntualiza, sin embargo, Maragall). De hecho, Unió Democràtica, el partido de los democristianos catalanes, y el PNV buscaron refugio en Italia cansados de la Internacional Democristiana cuando fue monopolizada por el PPE con Aznar como líder de referencia. Eso significa que en el nuevo partido que propone Maragall podrían coincidir rivales internos, pero el ex president no ve ningún inconveniente. “Artur Mas tendría que decidirse por el centroderecha o el centroizquierda; porque la intención es establecer como en EE. UU. dos referencias políticas cuyos representantes surgirían de elecciones primarias”.
La constitución del nuevo Partido Demócrata tuvo lugar el pasado fin de semana en Roma y en él han convergido dirigentes políticos de la antigua DC y del PCI. “Entre los invitados había representantes de más de cuarenta partidos de todo el mundo, de los demócratas norteamericanos a los nacionalistas vascos, los kurdos y el Frente Polisario o, dato importante, el Partido del Congreso de India… Vi un fenómeno impresionante… que abría el camino acertado”.
No queda claro si la idea del Partido Demócrata que defiende Maragall es compatible con su militancia en el PSC. A ese dilema contesta con una puntualización de Rutelli cuando se publicó que había roto con el Partido de los Socialistas Europeos. “Rutelli admitió que no estaba en el PSE pero que sí estaría con los socialistas en Europa”.
No es aficionado Maragall a las metas fáciles. Piensa en una Europa que funcione a partir de dos grandes partidos que abarquen globalmente el espectro político, cuando de momento ni siquiera existe una Constitución europea, un objetivo que ve resoluble si se plantea en los términos de la Constitución de Estados Unidos, “breve, viva , proclamativa, que los escolares aprenden de memoria y que se va modificando según las circunstancias con enmiendas parciales”. Lo ve Maragall como un proceso inexorable aunque “evidentemente demasiado lento”. Optimista como es, confía en que la inercia acabará imponiéndose a las resistencias de los estados y de las burocracias partidistas, “desbordados por la realidad”. A ello contribuirá, a su juicio, el proceso de fusiones empresariales. “Abertis y Autostrade o Endesa y Enel están fijando el marco europeo”.
Hablando con Maragall da la sensación que va a buscar fuera lo que no ha podido conseguir dentro, quizá una versión actualizada del Adéu Espanya que formuló su abuelo cuando vio fracasar el ideal ibérico. Por ello en pocas semanas ha viajado a Turquía, a Roma, al País Vasco y ahora mismo está haciendo las maletas para viajar a Nueva York, donde los profesores y alumnos de la New York University le han pedido que vuelva a reflexionar en voz alta con ellos, tal como hizo hace un año cuando era president. Abre horizontes porque considera que la situación política en Catalunya atraviesa un momento de “letargo” (ensopiment). Observa “falta de ambición en general…” “La idea de la eurorregión se está deshinchando, se ha dado marcha atrás con la España federal y aunque algunas ideas como la alianza de civilizaciones son interesantes habría que apostar más decididamente por el Mediterráneo… Hace falta un banco euromediterráneo… después del éxito del Banco del Este, que ha propiciado la integración europea de tantos países, ahora corresponde crear el Banco Euromediterráneo para conseguir en el sur lo mismo que en el este”, sostiene.
Para Maragall, esa falta de ambición a la que hace referencia es la causa prácticamente de todos los males de ahora y de antes. “El otro día - cuenta- tuve una conversación muy interesante con el lehendakari Ibarretxe. Comentábamos que ambos intentamos cambiar las cosas, él con el plan Ibarretxe y yo con el Estatut, pero España dijo no. Quizá habría sido más útil que hubiéramos planteado juntos ir más allá: reformar el artículo 2 de la Constitución”, que es el que establece la indisoluble unidad de España y el derecho a la autonomía de nacionalidades y regiones. Maragall cree que con la enumeración de las 17 comunidades y el reconocimiento de la singularidad de Catalunya, Euskadi, Galicia y el fuero de Navarra se habría resuelto todo. El fracaso de la España plural es para Maragall la imposición de la España radial, un concepto que “quiso imponer Aznar y no ha podido o no ha querido llevar adelante como había prometido Zapatero”. “Aznar quería unir todas las capitales de provincia con alta velocidad y yo le pregunté por qué no entre Barcelona y Bilbao y vino a responderme que ni se le había pasado por la cabeza. Confié en que con Zapatero llegaríamos más lejos, que traería la España plural y federal que nos había prometido antes de las elecciones e incluso antes del congreso del PSOE en el que lo elegimos nosotros secretario general, como él bien sabe, y nosotros también, pero finalmente la España real se impuso, dio marcha atrás y optó por el pacto con Mas y el regreso a la conllevancia que practicaron Pujol y González”.
En su opinión, dejando aparte las disquisiciones estatutarias, “lo más urgente para Catalunya es el aeropuerto, el tren de alta velocidad y la recuperación del área metropolitana de Barcelona”. La política autóctona, en su sentido estricto, le interesa cada vez menos. Apostará por el Partido Demócrata Europeo sin darse de baja del PSC ( “soy socialista desde siempre y nunca dejaré de serlo”, razona), pero en su opinión de lo que se trata es más bien de que el PSC se incorpore al PDE. Ahora bien, lo han visto poco y menos que lo verán en las reuniones de la calle Nicaragua. No ha ido a ninguna desde que volvió de Argentina ( “no tengo mucho más que decir”). Yno se va a prodigar en la campaña de las municipales, aunque hará excepciones. ¿Por ejemplo? “Miravet”. ¿Por qué será?
Marca distancias respecto a la cotidianidad de los socialistas catalanes, pero actividad e ideas no le faltan. Un día habla con Jorge Sampaio sobre las posibilidades de una Fundación España-Portugal copresidida por ambos, y otro establece contactos para propiciar nuevas iniciativas empresariales financiadas por business angels, para entendernos, mecenas de jóvenes empresarios con ideas prometedoras. Está pendiente de asumir la presidencia de la Fundación Euromediterránea y mantiene contactos frecuentes con Marruecos, con Argelia, con Nueva York y por supuesto con Roma. Y sigue verificando proyectos arrancados en su etapa como president o como alcalde. Hace pocos días visitó las obras del aeropuerto.
Para su tarea cuenta con al apoyo de un dream team.
Tres colaboradoras que, a fuerza de años, se han especializado en asistir al más imprevisible de los jefes: Marta Grabulosa, directora de la Oficina; Serrat Font y Eva Nebot, responsables técnicas, y Fidel Bellmunt, documentalista. Pese a los viajes, las conferencias y las iniciativas, una tarde a la semana Maragall va a buscar a los nietos al colegio y pasa la tarde con ellos y, de vez en cuando, juega a tenis en el Barcino con sus amigos Xavier Rubert y Guerau Ruiz Pena. Y, a ratos, prepara una bomba: sus memorias.








